4 de junio de 2016

45 tuits de Dietrich Von Hildebrand sobre el corazón

  1. Tener un corazón capaz de amar, de afligirse y conmoverse, es la característica más específica de la naturaleza humana (p.15)
  2. Es el corazón quien experimenta la felicidad, no el entendimiento ni la voluntad (p.53)
  3. Una felicidad solamente «pensada» o «querida» no es felicidad. Esta se da en una experiencia afectiva (p.32)
  4. Conmoverse, en su sentido genuino, es una de las experiencias afectivas más nobles: es el reblandecimiento de la propia aridez (42)
  5. Todo sentimiento se pervierte y corrompe al disfrutarlo de modo introvertido (p.42)
  6. El sentimentalismo proviene principalmente de la concupiscencia (p.42)
  7. «Corruptio optimi pessima». Cuando más elevado es algo, tanto peor es su perversión y falsificación. El demonio imita a Dios (p.51)
  8. En la naturaleza humana, el corazón ocupa un lugar de igual categoría que la voluntad y el entendimiento (p.52)
  9. Si entendiéramos al hombre como compuesto solo de entendimiento y voluntad, muchos pasajes de la Escritura serían insignificantes (p.55)
  10. Hay en el hombre una tríada de centros espirituales destinados a fecundarse mutuamente: entendimiento, voluntad y corazón (p.56)
  11. El Antiguo Testamento escoge el corazón (no el intelecto o la voluntad) como representante de la interioridad del hombre (p.57)
  12. El corazón es el órgano de la afectividad (p.58)
  13. Una tarea importante de nuestra vida espiritual y religiosa: librarnos del ritmo de los sentimientos psíquicos en nuestro corazón (p.68)
  14. La depresión o el mal humor pierden parte de su fuerza si nos damos cuenta que son resultado de procesos corporales (p.71)
  15. Cuando ciertos sentimientos alcanzan una alta intensidad, tienden a silenciar la razón y a dominar la voluntad libre (p.73)
  16. Comprender la afectividad tierna a la luz de su posible perversión es un error intelectual imperdonable (p.97)
  17. El hombre verdaderamente afectivo responde al bien, que es fuente y base de su experiencia afectiva (p.100)
  18. Para el hombre verdaderamente afectivo lo que importa es la situación objetiva: si hay motivos para alegrarse o sentirse feliz (p.100)
  19. Al «subjetivista» (en el sentido negativo de la palabra) sólo le preocupan sus propios sentimientos y reacciones (p.100)
  20. El «tullido» afectivamente hablando nunca es verdaderamente objetivo (p.101)
  21. Es hora de liberarnos de la desastrosa equiparación entre objetividad y neutralidad (p.101)
  22. Cuando se respeta la interacción querida por Dios entre intelecto, voluntad y corazón, la afectividad nunca es demasiado intensa (p.111)
  23. No se puede decir, propiamente, que vivan quienes no tienen lágrimas para las cosas que requieren lágrimas (p.115)
  24. Un tipo de afectividad mutilada es la del hombre que sufre hipertrofia de eficiencia pragmática (p.115)
  25. El utilitarista considera que toda experiencia afectiva es superflua y constituye una pérdida de tiempo (p.115)
  26. La plenitud de un hombre depende en gran medida de su capacidad afectiva (p.117)
  27. Es en el corazón donde encontramos el secreto de una persona y donde se pronuncia su palabra más íntima (p.118)
  28. La vida del concupiscente está dictada por el orgullo (p.120)
  29. Los concupiscentes están excluidos del amor, porque este siempre requiere la donación del propio corazón (p.121)
  30. El cinismo silencia o endurece inevitablemente el corazón (p.123)
  31. Un tercer tipo de falta de corazón se halla en el esteta refinado, cuya exclusiva actitud ante el mundo es la del goce estético (p.123)
  32. Cierta moralidad puritana conduce frecuentemente a otro tipo de falta de corazón, esta vez de carácter fanático (p.124)
  33. El silenciamiento del corazón alcanza su cénit en los estados totalitarios, en los que solo se permite la lealtad al partido (124)
  34. El egocentrismo del corazón hace a las personas «poco objetivas» (p.131)
  35. El egocéntrico interpreta todo de manera desfavorable, como si fuera contra él, y considera maleducadas muchas cosas que no son tales (p.131)
  36. En muchos aspectos, el corazón constituye el yo real de la persona, más que su intelecto o su voluntad (p.133)
  37. El amante quiere verter su amor en el corazón del amado, quiere tocar su corazón y llenarlo de felicidad (p.133)
  38. Aunque haya voluntad buena y generosa, no poseemos realmente al amado si no poseemos su corazón (p.134)
  39. Sólo elevando nuestros corazones podemos captar un destello de la vida santa del Corazón del Dios-Hombre (p.144)
  40. El milagro de Caná nos permite captar algo de la ternura, diferenciación y sobreabundancia de la caridad de Cristo (p.153)
  41. La contrición de María Magdalena es un epítome de toda contrición verdadera y ardiente (p.159)
  42. «Simón, ¿me amas?» Cristo busca nuestro amor; no sólo quiere ser obedecido sino también amado (p.196)
  43. La transformación en Cristo dota de una afectividad inaudita y purificada (p.206)
  44. La plena apreciación de la belleza nos conduce a la presencia de Dios (p.217)
  45. Al hombre cuyo corazón ha sido transformado por Cristo pueden aplicarse plenamente las palabras de San Agustín: «Ama y haz lo que quieras» (p.219)


Dietrich Von Hildebrand
“El corazón”
Biblioteca Palabra
Madrid, 1996
224 pp.

Original:
“The Heart”
1996


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